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Historia de París

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La historia de París recorre un largo camino, y lo mismo ocurre con su nombre: la primera evidencia arqueológica de las personas que vivieron en París data de III AC, cuando los Parisii, una sub-tribu de origen celta, habitaron la zona próxima al Sena, especialmente en las islas Cité y Saint-Louis. Los romanos tuvieron interés en la cuenca de París y la conquistaron en el año 52 AC, derrotando a los Parisii y cambiaron el nombre de la ciudad por Lutetia, más tarde rebautizada como Gallicised Lutèce. Los nuevos conquistadores de París construyeron muros, palacios, un circo (el Arenas de Lutecia) y baños termales (Termas de Cluny), expandiendo así la ciudad hacia el margen izquierdo del río Sena durante los siguientes siglos.

Lutèce se convirtió en una de las ciudades más prósperas del Imperio Romano. Sin embargo, una vez que el imperio hizo evidente su decadencia y la amenaza de una invasión de los Hunos comenzó a ser real, sus habitantes comenzaron a abandonar la ciudad. Cuando Atila el Huno trasladó su ejército al sur, Sainte-Geneviève pidió a la ciudad que oraran a Dios por protección. Atila siguió de largo, y con en el tiempo, Sainte-Geneviève fue declarada la santa patrona de París (el Panteón fue construido en su honor).

Luego que los francos se establecieron y crearon el reino de Gaulle, Hugo Capeto (quién debía su nombre a la larga capa que solía usar) fue elegido rey de Francia en 987, haciendo de París su capital. Aquí es cuando la construcción de Notre Dame y la Sainte Chapelle se llevaron a cabo. Felipe II Augusto, un rey posterior, quiso construir una gran muralla que rodea la ciudad, dio inicio a las obras de construcción para el Palacio del Louvre y pavimentó las calles. Fue en este período que se fundó la Sorbona, convirtiendo a esta ciudad en el principal centro cultural del mundo.

Sin embargo, los años siguientes fueron salpicados con persecuciones religiosas y las intrigas políticas, alimentadas por la Guerra de los Cien Años con los ingleses, quiénes ocuparon la ciudad. Finalmente Carlos VII de Francia reclamó la ciudad del dominio Inglés en 1436, después de varios intentos fallidos (uno de ellos dejando a Juana de Arco gravemente herida). Los siguientes reyes hicieron varias revueltas religiosas y, después de años de masacres católicos-protestantes, Enrique IV decidió conceder la tolerancia religiosa a los protestantes en el Edicto de Nantes. Esta decisión en última instancia le costó la vida y, durante su 24° intento de asesinato, un fanático católico finalmente logró quitarle la vida.

Considerando que Luis XIII, su hijo, sería el rey a la tierna edad de ocho años, su madre, María de Médicis, tomó el poder. Ella encargó el Palais du Luxembourg, con sus impresionantes jardines. El joven rey se hizo cargo cuando cumplió 15 años, pero el poder real era ejercido por su consejero, el cardenal Richelieu. Durante el reinado de Francia el poder real de Luis XIII se amplió en gran medida, la Sorbona de París fue reconstruida y París mantuvo su crecimiento sostenido.

Louis XIV - hijo de Luis XII - es, muy posiblemente, el rey más famoso de Francia. Llamado el "Rey Sol" durante todo su reinado, su corte llevó a cabo proyectos pródigos con el fin de hacer de París un lugar apto para tal importante monarca. Con Richelieu y Mazarino, Luis XIV hizo con el país lo que quizo. Despreciaba a París y trasladó toda su corte a Versalles, donde había un palacio construido especialmente para toda su corte. Su reinado, que duró 72 años, fue el más largo de los tiempos modernos.

Su bisnieto, Luis XV, le sucedió. La Place de la Concorde, el Panteón y la escuela militar de Francia fueron construidos bajo su reinado, conocido en la historia como el "Siglo de las Luces". Para entonces, la ciudad tenía una población de 500.000 habitantes y 25.000 viviendas, con un crecimiento mucho más allá de sus límites medievales. París alcanzó nuevos horizontes de prestigio como centro de las artes, las ciencia y la filosofía: Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Diderot, entre otros, ya sembraban los principios filosóficos de la revolución.

El 14 de julio de 1789, la revolución alcanzó el ápice más sangriento con la Toma de la Bastilla. El pueblo francés derrocó a la monarquía en septiembre de 1792, y Luis XVI y su esposa fueron guillotinados en la Place de la Concorde. Lo que siguió fue año de terror sanguinario bajo la dictadura de Robespierre, donde quienes se oponían a la revolución -o no eran lo suficientemente revolucionarios- eran rápidamente enviados a la guillotina. En 1974 un grupo moderado tomó el poder y Robespierre y sus aliados siguieron la misma suerte.

En medio de la desesperación de Francia, la presencia de Napoleón Bonaparte comenzó a fortalecerse. Como coronel del ejército francés, Napoleón impresionó al Directorio francés -creado para gobernar Francia tras la Revolución- con sus deslumbrantes tácticas y victorias militares. En 1795, después de las campañas militares en Italia y Egipto, Napoleón vuelve a Francia, se monta un golpe de Estado, establece un consulado y se proclama como el cónsul de Francia. París era pura miseria y estaba completamente deteriorada después de la Revolución. Napoleón tomó la tarea de traer de vuelta la vida de París y, después de proclamarse emperador en Notre Dame, partió para hacer de París la ciudad más bella del mundo. Él construyó el Arco de Triunfo, el Arco de Triunfo del Carrusel, la Église de la Madeleine y el Palais Brongiart, entre otros. Sus fracasos militares más tarde en Rusia y España acabaron con su gobierno y la ciudad fue invadida nuevamente por los ingleses, los prusianos y los rusos.

Luego de una serie de tentativas sin éxito para recuperar el poder, la monarquía fue derrotada y Napoleón III fue elegido presidente de Francia siguiendo la Segunda República. No satisfecho con el papel de presidente, se declaró emperador de Francia. Decidió hacer de París una ciudad más moderna, asignando la tarea a Baron Haussman. Los insalubres barrios medievales fueron derribados y grandes bulevares -tales como Champs Elysees- fueron construidos. Este es el momento en que la Opera Garnier y el mercado de Les Halles fueron edificados y distritos vecinos fueron anexados a la ciudad (La Villete y Montmartre). Las calles estaban iluminadas por treinta mil farolas a gas y la París que todos conocemos y amamos hoy en día por fin empezó a tomar forma.

Sin embargo, millones de habitantes no estaban contentos. La Revolución Industrial tenía personas que trabajan 17 horas seguidas, entre otras injusticias, y las condiciones de vida no eran ejemplares. Los parisinos se hicieron cargo de la Tullerías, desde donde Napoleón III gobernó el país. Los prusianos se aprovecharon de la situación y sitiaron París. Los parisinos, desesperados por el hambre, se rindieron. Louis Adolphe Thiers -el líder republicano- firmó el tratado y aceptó daños punitivos que fueron demasiado para los ojos de muchos parisinos. Una revuelta estalló y el gobierno republicano huyó a Versalles. Diferentes ideologías políticas se reunieron y formaron la Comuna de París, un pequeño gobierno socialista centrado en la ciudad capital. El gobierno republicano decidió entrar a la ciudad una vez más, barrio por barrio, matando a más de 10.000 comuneros en su camino. La Comuna duró once semanas. El cementerio Père Lachaise tiene un monumento a los muertos durante estos eventos.

La Tercera República francesa seguía siendo políticamente inestable, pero la Exposición Mundial de 1989 marcó el inicio las Belle Époque del país con la construcción de la Torre Eiffel. En 1900, se construyó el primer metro. París fue también el hogar de los Juegos Olímpicos de 1900 y 1924. Más ciudades vecinas fueron anexadas, ascendiendo a una población total en la ciudad de 3 millones.

La Primera Guerra Mundial tuvo poco o casi ningún efecto sobre la ciudad, a pesar de ser víctima de ocasionales bombardeos de las tropas alemanas. Durante la Segunda Guerra Mundial, París fue ocupada por los alemanes en 1940. Adolf Hitler ordenó que la ciudad sea destruida pero el general Dietrich von Choltitz ignoró sus órdenes. Luego de las guerras, hubo una fuerte disminución en las tasas de natalidad y la incapacidad absoluta de la ciudad para introducir eventuales habitantes dando lugar a una fuerte caída de la población. París vivió una de sus mejores momentos durante la era post-guerra: grandes pensadores como Sartre, Simone de Beauvoir, Prevert y otros fueron se sentaron en uno de los famosos cafés de la ciudad, comentaron sus ideas y lideraron la corriente intelectual Parisina.

En mayo de 1968, estudiantes y trabajadores de la fábrica se rebelaron contra la Cuarta República y el presidente Charles de Gaulle se vio obligado a dimitir. George Pompidou, sucesor de De Gaulle, tomó muchas medidas para transformar a París en una ciudad cultural. En 1977, tres años después de su muerte, el polémico Centro Pompidou fue inaugurado en su honor. Giscard d'Estaing y François Miterrand, los presidentes que siguieron, continuron fortaleciendo París y su rico patrimonio arquitectónico. El Musée d'Orsay fue inaugurado en 1989 en el aniversario del bicentenario de la Revolución y grandes atractivos, como el Louvre, la Opéra Bastille y el Gran Arco de la Defense fueron construidos.

Hoy en día, la París que todos amamos y admiramos es fiel a su rica historia. Sus 2,2 millones de personas viven en una capital densa y cosmopolita que funciona como un epicentro de toda el área metropolitana con casi 12 millones de personas - una de los más grandes de Europa. París es considerada como la más romántica y hermosa de todas las ciudades del mundo. Su legado cultural profundamente arraigado se mantiene firme y la ciudad sigue siendo la capital del mundo de la cultura, la moda, comida, arte y diseño.

Llamada la Ciudad de las Luces y la Ciudad de la Moda, su larga sucesión de reyes (y sus enormes palacios, jardines y catedrales como extensiones de sus egos igualmente grandes), sus notables ciudadanos con cultura y la larga lista de intelectuales y artistas que la llamaron y siguen llamando como su hogar, han dejado una huella permanente en cada uno de los barrios de París. Afortunadamente, ahora es tu turno de descubrirla por completo.

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